10 sept 2011

¿Dónde deje el dolor?



Yo, a veces me pongo pensar en esas palabras que guarda el silencio. Esas palabras escondidas, sonrojadas, apenadas por el miedo a ser dichas.
Otra forma de ver el silencio, es esa educación de pensar, y de actuar correctamente. Yo cuido mis palabras, porque dejar escapar una de ellas, sería como descuidar a una de mis hijas. Cuido tanto mis palabras que olvido expresar lo que en verdad siento y pienso.

 La risa bien puede ser una palabra, un sinónimo de libertad. Soy tan libre que callo, peco, y amo. Como amo poder decir todo tan exacto, tan preciso, de tal forma que sé como herir a una persona, con esa arma letal que se llama palabra. El silencio es como la cesura: calla la verdad. ¿Entonces el silencio es mentira? No lo creo.
Aunque hay tipos de silencios, y eso es lo mágico... no saber qué hay detrás de aquel abrazo cubierto de silencio, de dulzura y delicadeza. Aquel silencio de dolor, de amor, de odio, el silencio de los soñadores. 
Pero ¿cuál es el sentido que percibe el silencio? ¿El oído, el olfato, la vista, el tacto ó el gusto? yo creo que son los cinco. 

El silencio, se distingue de los sonidos y ruidos. Ya que de éste nacieron. Pero el silencio también huele, huele a tranquilidad, a pasión y/o amor. Sin embargo, se ve. Lo encontramos en el aire, invisible. También lo sentimos, cuando un silencio te enchina la piel, te toca lo más profundo del corazón, y de la razón. Lo saboreamos, en cada beso, en cada abrazo. En cada uno de esos momentos especiales (y unos no tanto), saboreamos a más no poder el silencio. 


Lo importante es dejar hablar la razón. Bueno... no, el corazón. Bleh, es dejar la mirada vestida de silencio.