28 abr 2012

Colibrí por la mañana.



Estaba, pero no era. No tenía ruta, ni rumbo… perdida en el rincón de la más lejana galaxia. Ahí, donde la luz del Sol no se ve, donde el calor se desconoce, ahí donde el frío es el único abrazo que protege el cuerpo, donde la vida se desconoce. Todo es vértigo, no hay viento que la dirija, no hay acompañante que la corrija, ni que quiera ser su guía entre tanta obscuridad. ¡Tiene la materia de punta! Tiene el sueño perdido en un universo paralelo al que quisiera estar, tiene que conformarse con viajar en ese gigante espacio sideral.
No tiene hora ni fecha, no tiene nombre ni existencia… no tiene nada, y aún así busca ser todo. Es tan frágil, que al contacto con otra estrella, estallará. Sigue viajando, viendo el mismo paisaje de siempre… en entre tanta nada, no existe ni las noches ni los días.
-¡Mira! Desde abajo, los humanos estiran sus brazos. Sueñan con alcanzarnos. ¡Mira! Son tan pequeños que no pueden ni tocarnos… -
¿Quiénes son? ¿Por qué disfrutan al mirarnos? ¿Cuál es su razón de nombrarnos? ¿Por qué siempre que deslumbramos salen a buscarnos? No tendrías respuesta alguna, pero no descansará hasta saciar su duda… así fue que viajó, y viajó  sin parada alguna, así fue que conoció de cerca la Luna. Pasó de ser una mezcla química a ser parte del firmamento, y no te miento: La vista desde arriba te quita el aliento.
Cruzó todos los espacios vacíos, activando su nitrógeno sobre pasó los años luz.
En el planeta azul alguien la mira… alguien le habla, alguien le crea existencia, la adopta, la hace suya, le pone nombre y hora. ¿Pero cuándo llegará a ella? Se pregunta mientras busca un futuro creando sueños de un buen aventurero.
¡Míralo caminando bosque adentro, míralo anhelado ser su dueño!; mírala, está brillando ¡mira como baila al ritmo de la vía láctea! Pero no todo es mágico, ni espectacular. De tal encuentro sobrehumano, nace la nostalgia de lo no vivido, nace las ganas de estar en otro planeta o por lo menos ser Sol para impactar con esa estrella.
Pasaron las páginas del calendario, yo pensé una solución a diario. Aunque algo peligrosa, pero no hay acto más peligroso que no culminar nuestro vínculo amoroso.
Él despierta, mira al cielo y las calles están desiertas; como buen amante de la astronomía busca su estrella, la misma de cada día. Lo que no sabe es que su pequeña emprenderá el mismo viaje que los rayos solares.  Extrañará ser infinita, no volverá a respirar la gravedad mítica, ni podrá ver de nuevo el color cósmico que tanto los identifica. Pero qué más da si estará cerca de quien la hace sentir viva, querida, y finita. Mientras él aún vive en sueños queriendo ser infinito, deseando darle todo lo que necesita.
Así que… ¡cruzaré la atmosfera! Mis átomos sobrevivirán a la exósfera, pronto no sé si estoy en la termósfera ¿o será la ionosfera? ¡No lo sé! Mis fuerzas comienzan a desvanecer; comienzo a sentir frío cálido, no es nada parecido al que sentía en mi infinito. La mesósfera desgasta mis ganas, y cerca de la estratosfera mis alas se desintegran, me queda nada, ¡me queda nada! -¡¡TE QUEDA NADA!!- me digo. Veo un cielo vivo. Pero algo pasa… no veo nada, no siento nada, me desintegro en medio de la nada. ¿Qué hecho mal? ¿Nacer en otra galaxia? Siento que vuelo, me siento levedad.
Me siento aire,  aquel que siempre te dará aliento; me muevo lento y llego donde tú estás. Te veo tirado en la cama y te comienzo a acariciar, me respiras, llego hasta lo más dentro de tu cuerpo. Tu sangre oxígeno, mientras escucho a tu corazón palpitar. Yo ya no estoy en el firmamento, pero ahora te puedo tocar. Tú ya no me puedes ver, pero ahora me puedes sentir. Llevaré hasta la puerta de tu casa las hojas de otoño; los colibrís caminarán sobre mí cada mañana; me llevaré todo lo que digan de ti; cada palabra que susurres guardaré… ¿Y tú qué supone que debes hacer? No te preocupes, que tu tarea no es difícil. Sólo tienes que inhalar, sólo eso… ya nada nos separará, al menos que llegue el día en el que tú me dejes de respirar.

6 abr 2012

No existe título para nuestra historia.


-¿Estás ahí?- eran las palabras exactas para que tú llegaras y me dijeras que todo estaría bien. Aún cuando sabías que mucho estaba mal... y hoy, a pesar del tiempo, de las vivencias, de las decepciones, de los sentimientos rotos; aún soy tu niña, aún necesito que veles por mis sueños. Que me cuides, que me recuerdes que somos uno. Todavía necesito de ti, de tus palabras, de todo lo que complementa tu ser, para entender que hay una vida por delante.
Sé que no podremos vernos mucho, pero qué. Ya encontraré una solución, porque tú has hecho mucho por nosotros. Tú me enseñaste que ante todo está el amor; que si tienes fe se pueden llegar a mover montañas; a pedir perdón cuando he sido yo quien daña; que se debe luchar con todo para cambiar la balanza; que un corazón puro y sincero jamás se queda solo. Tú, eres mi luz cada vez que todo está obscuro. Te debo tanto, que haga lo que haga NUNCA estaremos en paz.

Ambos sabemos las dificultades que hemos pasado, ya sea juntos... o en nuestros propios mundos. Pero cada caída, cada raspón, lo hemos sacado adelante. Y te juro que con tu fortaleza, con tu sangre, sudor y lágrimas... ya te ganaste el cielo. A veces no me ayuda para nada mi actitud, mi forma de ser contigo, pero eres más que mucho, eres más de lo que un día imaginé que serías. Eres, según mi alma, su otra mitad.
Me faltan alabanzas para definirte, también palabras para rogarte que no te vayas. Pero si la vida un día nos separa, promete que desde donde sea, nos seguiremos cuidando. Tú has hecho muchas cosas para que nuestro mundo siga adelante. En la vida... hermanos de corazón sólo hay uno, y para mí, tú eres el más grande.
Si mi piel sangra lo que mi alma llora por dentro, si no tengo nada, amor.. ni amigos, si me estoy muriendo, si estoy riendo, lo que sea, sé que tú estarás conmigo.

No éramos de esos amigos que salen a pasear, a jugar, al cine, ni mucho menos. Era la distancia. Pero ¿sabes? antes yo no lo entendía, pensaba que si era así es porque tú no querías pasar tiempo conmigo. Y ahora que lo pienso, me da risa; aunque también me llena de orgullo: que tú seas mi mucho, mi alma gemela.
Un teléfono, una computadora, fotografías, echar de menos lo inimaginable, todo eso, hicieron nuestro amor inquebrantable.
Por ti... hay una prueba de ello, y es que la pesadilla ha terminado, que el Sol brilla en nuestro mundo; la distancia ya no existe, y te lo agradezco. La espera valió la pena, porque ahora sí puedo abrazar a mi Cielo cada vez que este Mar se esté desvaneciendo. Ya nada me da miedo, todo por tu lucha, por tu esmero: Almir, te quiero.