No tiene hora ni fecha, no tiene nombre ni existencia… no tiene nada, y aún así busca ser todo. Es tan frágil, que al contacto con otra estrella, estallará. Sigue viajando, viendo el mismo paisaje de siempre… en entre tanta nada, no existe ni las noches ni los días.
-¡Mira! Desde abajo, los humanos estiran sus brazos. Sueñan con alcanzarnos. ¡Mira! Son tan pequeños que no pueden ni tocarnos… -
¿Quiénes son? ¿Por qué disfrutan al mirarnos? ¿Cuál es su razón de nombrarnos? ¿Por qué siempre que deslumbramos salen a buscarnos? No tendrías respuesta alguna, pero no descansará hasta saciar su duda… así fue que viajó, y viajó sin parada alguna, así fue que conoció de cerca la Luna. Pasó de ser una mezcla química a ser parte del firmamento, y no te miento: La vista desde arriba te quita el aliento.
Cruzó todos los espacios vacíos, activando su nitrógeno sobre pasó los años luz.
En el planeta azul alguien la mira… alguien le habla, alguien le crea existencia, la adopta, la hace suya, le pone nombre y hora. ¿Pero cuándo llegará a ella? Se pregunta mientras busca un futuro creando sueños de un buen aventurero.
¡Míralo caminando bosque adentro, míralo anhelado ser su dueño!; mírala, está brillando ¡mira como baila al ritmo de la vía láctea! Pero no todo es mágico, ni espectacular. De tal encuentro sobrehumano, nace la nostalgia de lo no vivido, nace las ganas de estar en otro planeta o por lo menos ser Sol para impactar con esa estrella.
Pasaron las páginas del calendario, yo pensé una solución a diario. Aunque algo peligrosa, pero no hay acto más peligroso que no culminar nuestro vínculo amoroso.
Él despierta, mira al cielo y las calles están desiertas; como buen amante de la astronomía busca su estrella, la misma de cada día. Lo que no sabe es que su pequeña emprenderá el mismo viaje que los rayos solares. Extrañará ser infinita, no volverá a respirar la gravedad mítica, ni podrá ver de nuevo el color cósmico que tanto los identifica. Pero qué más da si estará cerca de quien la hace sentir viva, querida, y finita. Mientras él aún vive en sueños queriendo ser infinito, deseando darle todo lo que necesita.
Así que… ¡cruzaré la atmosfera! Mis átomos sobrevivirán a la exósfera, pronto no sé si estoy en la termósfera ¿o será la ionosfera? ¡No lo sé! Mis fuerzas comienzan a desvanecer; comienzo a sentir frío cálido, no es nada parecido al que sentía en mi infinito. La mesósfera desgasta mis ganas, y cerca de la estratosfera mis alas se desintegran, me queda nada, ¡me queda nada! -¡¡TE QUEDA NADA!!- me digo. Veo un cielo vivo. Pero algo pasa… no veo nada, no siento nada, me desintegro en medio de la nada. ¿Qué hecho mal? ¿Nacer en otra galaxia? Siento que vuelo, me siento levedad.
Me siento aire, aquel que siempre te dará aliento; me muevo lento y llego donde tú estás. Te veo tirado en la cama y te comienzo a acariciar, me respiras, llego hasta lo más dentro de tu cuerpo. Tu sangre oxígeno, mientras escucho a tu corazón palpitar. Yo ya no estoy en el firmamento, pero ahora te puedo tocar. Tú ya no me puedes ver, pero ahora me puedes sentir. Llevaré hasta la puerta de tu casa las hojas de otoño; los colibrís caminarán sobre mí cada mañana; me llevaré todo lo que digan de ti; cada palabra que susurres guardaré… ¿Y tú qué supone que debes hacer? No te preocupes, que tu tarea no es difícil. Sólo tienes que inhalar, sólo eso… ya nada nos separará, al menos que llegue el día en el que tú me dejes de respirar.
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