Siempre tengo todo atorado en mi cabeza, no puedo expresar lo que pienso y siento. Es una impotencia gigante. Cómo hacer eso, por qué hago eso. Sé que no es bueno.
Se me borran las ideas, más no las sensaciones.
Traté, traté de ser feliz haciendo feliz a los demás... juro que traté. Me maté haciendo feliz a los demás, me maté al no ser feliz. ¿Y a mí quién me hace feliz? NADIE.
Se supone que sé con quién me junto, a quién le otorgo un pedacito de mí. Ese es el problema, yo selecciono a las personas, pero ellas no me escogen a mí. Y no hablo de miles de personas, hablo de las personas necesarias para mí. NECESARIAS.
Despierto, miro que todo está mal. Que tantas personas me conocen, más no saben que es lo que soy, por qué soy eso. ¿Yo? yo ni interesada en ubícarlos, me da lo mismo. Me basta con contemplar su mirada, descifrar lo que no quieren demostrar.
A ella le caigo mal, lo siento, pero es absurdo caerle mal. Ni loca podría siquiera tropezar con una perra como ella. Esa otra siente celos... ¿de qué? de alguien como yo, de alguien que trata de hacer feliz y reconstruir lo que una vez se destruyó. ¿Amigos? aún no sé si son mis amigos, ni los conozco. Ellos a mí sí. Pero eso no es una amistad.
Uno no está, NUNCA ESTÁ.
Aparentemente sí, pero no, no lo está. El otro, está por PEQUEÑOS lapsos, piensa y dice todo como va, después pasa a retirarse. Y el que resta, está, estoy, estamos.Es bonito verle sonreír, poder caminar por el cole mientas le confío ciegamente mis pensamientos. Pero es tan bueno que trata de convencerme que todo es temporal. Aún sí lo fuera, no cambiará el hecho de sentirme una basura.
Pienso en TODO, tal vez debería tomarme a las personas menos en serio, y empezar a preocuparme por mí. O no sé. Pero pues, ellos, son lo único que tengo, qué vamos... ni los tengo, ni los tendré.
Veo en el espejo algo paralelo a lo que debería ser, a lo que deseo ser. Trato de cambiarlo, sin embargo, tratar no es poder.
He aprendido que no tengo en quién fiar, siempre me trago mis sentimientos, SIEMPRE. Bien, pueden fiar en mí, y nadie lo hace. Tal vez porque soy demasiado, como para que alguien pueda entender lo que intento compartir, y los demás son tan poco como para ofrecerme esos pedazos (migajas) de su ser.
Si yo aporto nada, vaya, no me importa habrá quién sí lo haga. A mí qué, no es mi culpa ser tan deficiente como para no estar tan alto como los demás. Y es que no sé ni que soy, o porqué soy, creo que ni soy.
Sólo sé que sigo, es por mí, porque necesito de mí para ser.
(¡¡Diablos, voy en contra de todos los principios lógicos!!)
En fin, no es mi culpa tener todo tan fríamente calculado, como para no necesitar su apoyo.