2 jul 2012

Quimera.




—Si el tiempo es todo lo que tengo, lo quiero pasar contigo.— Pensé. No me importó lo razonable, lo cursi o lo tonto que resultó mi axioma. No me importa nada mientras estés conmigo.

Sentí el viento titiritar por mi cuerpo, sentí frío, me giré; y al intento del rencuentro de nuestra materia noté que... te fuiste. Te fuiste y contigo mis ganas de seguir en pie, te fuiste y no te importó dejarme aun sabiendo que no te ibas. Te fuiste pero decidiste quedarte en mis recuerdos, entre mis sábanas, escrito en en mis anhelos, penetrado en mi piel, tatuado en cada rincón de lo visible y de lo invisible, pero jamás tomaste en cuenta el olvido.

Pasaron los días, y me pesaron también. Quién diría que no hay carga más insoportable que un vacío. Sin embargo, continué a ciegas, con el corazón destripado y en compañía de mi soledad desolada. ¿Cómo perder lo que no es tuyo? ¿Por qué escribir historias si no se quiere llegar al fin? no sé, ni lo quiero saber. No necesito preguntas cuando todas las respuestas están en el espacio desocupado de la cama, en el viejo porta retratos de la cocina, o en el cepillo de dientes con tu nombre escrito.


Abrí los ojos, efectivamente tu lado de la cama estaba desierto. Escuché un ruido extraño en la cocina, y de repente estabas ahí, listo para llevarme el desayuno a la cama. Al saborear el café me di cuenta que todo había sido una terrible pesadilla, y que ni dos eternidades me bastarían para estar a tu lado; porque si el tiempo es todo lo que tengo, lo quiero pasar contigo.