6 abr 2012

No existe título para nuestra historia.


-¿Estás ahí?- eran las palabras exactas para que tú llegaras y me dijeras que todo estaría bien. Aún cuando sabías que mucho estaba mal... y hoy, a pesar del tiempo, de las vivencias, de las decepciones, de los sentimientos rotos; aún soy tu niña, aún necesito que veles por mis sueños. Que me cuides, que me recuerdes que somos uno. Todavía necesito de ti, de tus palabras, de todo lo que complementa tu ser, para entender que hay una vida por delante.
Sé que no podremos vernos mucho, pero qué. Ya encontraré una solución, porque tú has hecho mucho por nosotros. Tú me enseñaste que ante todo está el amor; que si tienes fe se pueden llegar a mover montañas; a pedir perdón cuando he sido yo quien daña; que se debe luchar con todo para cambiar la balanza; que un corazón puro y sincero jamás se queda solo. Tú, eres mi luz cada vez que todo está obscuro. Te debo tanto, que haga lo que haga NUNCA estaremos en paz.

Ambos sabemos las dificultades que hemos pasado, ya sea juntos... o en nuestros propios mundos. Pero cada caída, cada raspón, lo hemos sacado adelante. Y te juro que con tu fortaleza, con tu sangre, sudor y lágrimas... ya te ganaste el cielo. A veces no me ayuda para nada mi actitud, mi forma de ser contigo, pero eres más que mucho, eres más de lo que un día imaginé que serías. Eres, según mi alma, su otra mitad.
Me faltan alabanzas para definirte, también palabras para rogarte que no te vayas. Pero si la vida un día nos separa, promete que desde donde sea, nos seguiremos cuidando. Tú has hecho muchas cosas para que nuestro mundo siga adelante. En la vida... hermanos de corazón sólo hay uno, y para mí, tú eres el más grande.
Si mi piel sangra lo que mi alma llora por dentro, si no tengo nada, amor.. ni amigos, si me estoy muriendo, si estoy riendo, lo que sea, sé que tú estarás conmigo.

No éramos de esos amigos que salen a pasear, a jugar, al cine, ni mucho menos. Era la distancia. Pero ¿sabes? antes yo no lo entendía, pensaba que si era así es porque tú no querías pasar tiempo conmigo. Y ahora que lo pienso, me da risa; aunque también me llena de orgullo: que tú seas mi mucho, mi alma gemela.
Un teléfono, una computadora, fotografías, echar de menos lo inimaginable, todo eso, hicieron nuestro amor inquebrantable.
Por ti... hay una prueba de ello, y es que la pesadilla ha terminado, que el Sol brilla en nuestro mundo; la distancia ya no existe, y te lo agradezco. La espera valió la pena, porque ahora sí puedo abrazar a mi Cielo cada vez que este Mar se esté desvaneciendo. Ya nada me da miedo, todo por tu lucha, por tu esmero: Almir, te quiero.

No hay comentarios: