«Ella era una diosa con zapatos de tacón, con un corazón que era
amante de las ruinas. Ni te imaginas cuántas noches de pasión; yo le daba rosas
y ella sólo veía espinas. Niña coqueta… no había sitio en esos labios para los versos
mercenarios de un poeta; en su maleta sólo había decepción. ¡Pobrecita! no es vencible, no la rinde ni el amor.»
No hay comentarios:
Publicar un comentario